Salgo de casa escuchando el iPod, como de costumbre. El cielo está gris, pero parece que de momento no llueve. Y, ¿qué más da si llueve? Solo es un poco de agua, no he sacado paraguas. Como si llego empapada, me da exactamente igual.
El agua no alterará mis sentimientos.
Tampoco he cogido dinero. Ni llaves. Ni siquiera he buscado el móvil. Ayer me quedé dormida hablando por teléfono con mi… Con él. Ya no es nada mío. Eso es lo que me estuvo intentando explicar mientras yo no entendía ni una palabra. Nada tenía sentido, no podía ser.
“Hemos terminado”.
Y una mierda, ha terminado él. Yo estaba bien como estaba, que no pluralice.
Escucho la canción que he estado escuchando todo el día, desde que me he despertado. Too close for comfort. Me hace llorar, pero no me apetece escuchar nada más, no hay canción que describa mejor este momento.
Salgo del portal y cruzo la acera, sin siquiera mirar si pasan coches. Nunca pasan, hoy no va a ser diferente. Es un día normal para todo el mundo, menos para mí. Yo ya no tengo mundo.
O, sí, lo tengo, pero está vacío.
La gente sube a los locales de enfrente de mi casa, hablando como si nada pasara. Porque nada les pasa. No tienen ni idea de que yo ya no soy yo.
Pero, claro, eso no importa para que el día siga su curso. No soy tan importante. Y, ¿quién es suficientemente importante como para que el mundo se paralice porque le han roto el corazón?
¿Belén Esteban?
Una mujer abre el paraguas para tapar a su nieto, aunque yo no noto que llueva. No tanto como dentro de mí, al menos.
Pienso en ellos, seguro que son una familia feliz. El niño habrá ido a comer a casa de su abuela como todos los domingos, y ahora ésta le ayuda al parque con los amigos. Vigilará cómo juega al fútbol y se asustará cada vez que el niño, llamémoslo Mikel, se cae al suelo mientras toma un café con leche con sus amigas.
Mikel no se preocupa porque le puedan romper el corazón. El único amor que podemos necesitar a esas edades es el de nuestra familia, y está claro que su abuela lo quiere muchísimo.
La señora, llamémosla Concha, a su vez, está feliz con su nieto, al que quiere proteger a toda costa, y cuando ha visto que puede llover no ha dudado ni un minuto en abrir el paraguas, no vaya a ser que el nene enferme por su culpa. Concha tampoco tiene problemas en el amor. Lleva casada con su marido tantos años como estrellas hay en el cielo, ya es como una parte de ella, no sabría vivir sin él. Y claro que la relación no es la misma que el primer día, pero lo quiere muchísimo y sabe que puede contar con su marido para todo.
Puede que sea así o puede que me haya equivocado en todo. Pero los dos sonríen. Y yo no, no puedo, él me ha robado la sonrisa hoy.
¿Es que el Mikel y Concha no se dan cuenta de que no sonrío? ¿De que algo me pasa?
¿No les importo?
La verdad es que tampoco debería dramatizar, es normal que no se preocupen por mi falta de felicidad un día gris como hoy, no me conocen.
Pero aún así. Si fuera Belen Esteban la que estuviera mal seguro que causaría alguna reacción en ellos, por lo menos en Concha. Pero en mí no se fijan, no soy nadie.
La canción se acaba cuando paso por el parque del palacio de justicia.
Repeat.
Las guitarras llenas de tristeza de McFly vuelven a mis oídos.
¿Justicia? ¿Dónde? Porque no en mi vida.
Lo he hecho todo lo mejor que he podido. He intentado que todo fuera genial. Es que todo ha sido genial, pero él no lo ha visto así, según parece, y no le ha parecido oportuno decirme por qué me ha dejado.
¿Dónde está la justicia?
No creo que el edificio me responda, por mucho que lo mire como estoy haciendo. No tiene la culpa.
¿Quién la tiene? ¿Él?
¿Yo?
¿Belen Esteban?
“Remember when we scratched our names into the sand and told me you loved me” dice la canción, recuerda cuando escribimos nuestros nombres en la arena y dijiste que me querías.
Duele.
¿Es que él no se acuerda de todo lo que hemos pasado? ¿No se acuerda de que me ha regalado los mejores momentos de toda mi vida? ¿No le importa? ¿No le importo tampoco a él?
Duele mucho.
Una lágrima rebelde resbala sobre mi mejilla, que lidera la carrera de todas las que vienen detrás. No intento taparme, me da exactamente igual.
Yo no le importo al mundo, el mundo no me importa a mí.
Llamémoslo X
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